Tras la pista de la historieta latinoamericana

Destiné mis vacaciones intersemestrales, de Junio a mediados de Agosto, para dar una vuelta y conocer, en la medida de mis posibilidades, la situación actual de la escena historietística de países y ciudades latinoamericanas representativas como Bogotá, Lima, Santiago; todo esto antes de arrivar a mi destino original, Argentina. No es ni de cerca un estudio riguroso, mucho menos estructurado, para lo cual hubiese necesitado más tiempo. A continuación decanto algunas de mis impresiones. 

Mi recuerdo de Bogotá es la de una ciudad maravillosa, veloz y caótica de la que emanan expresiones artísticas de gran calidad por doquier, principalmente desde sus muros; es impresionante la cantidad de arte urbano en las calles. Fue aquí donde tuve la posibilidad de reunirme en diversas ocasiones con Helman Salazar, alias "Roque", autor local de gran relevancia, director de la Escuela Nacional de Caricatura y gran gestor cultural a nivel transoceánico. Él mismo me explicó el gran apoyo gubernamental que ha tenido el graffiti desde hace unos 15 años y del fenómeno de trivialización de los mensajes como consecuencia de ello; aparentemente una estrategia por calmar los rasgos contestatarios e institucionalizar dichas expresiones.

Fui testigo también de la inclusión de la historieta, desarrollada por artistas locales, en diversas  bibliotecas como la bellísima Virgilio Barco o la Luis Ángel Arango. Sin embargo, no fue fácil encontrar un sitio que tuviera las características de reunir una muestra importante de obras específicamente colombianas o bogotanas. Destacan algunos espacios interesantes que hacen un esfuerzo muy relevante como Casatinta o Rey Naranjo, ambos proyectos editoriales, que además publican obra local de muy alta calidad. 

Pude notar que Colombia carece de un desarrollo histórico relevante en la historieta, cosa que impacta a la cultura y directamente a la escena de autores emergentes de hoy día; en este aspecto diferiría del caso mexicano, que se apega un poco más al argentino, donde existió una nutrida historia pasada, un corte o sesgo generacional amplio y luego una continuidad contemporánea surgida desde una escena subterránea, disidente y autogestiva.



En la ciudad de Lima me reuní con Gabriel Zárate, periodista y crítico de historieta. Con su guía fuí capaz de identificar algunos autores de interés y la editorial Contracultura. Entendí la relevancia de su quehacer, pues un poco parecido a la situación de Bogotá, no existe un espacio que congregue un espectro amplio de lo que se pública localmente. Confirmó mis sospechas de una falta de asociación o comunidad entre historietistas. Pese a esto, una característica que me llamó mucho la atención, fue la gran calidad artística de los dibujantes peruanos. Atributo que permea a su vez el arte urbano y la ilustración, y que pude observar de primera mano en un par de ferias independientes, donde los autores hacen un gran esfuerzo por conjuntar fuerzas y difundir su trabajo de manera autogestiva.



La situación de la historieta Chilena es la que menos logré desenterrar, con la salvedad de que tuve la oportunidad de mirar, de primera mano, obras originales de su historia. Me queda claro que tiene un pasado bastante nutrido de autores, de personajes e historias, como el icónico Mampato o el propio Condorito. También hallé buena producción actual, a las cuales no pude acceder por los elevados precios y tipo de cambio. Tampoco fue fácil hallar espacios dedicados a la difusión y estudio de las producciones nacionales; pero al menos, la zona de obras locales, tomaba buena parte de algunas librerías que visité.









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